A pesar del éxito de otros
k-dramas en Netflix, el estreno de El Juego del Calamar en todo el mundo
(o al menos en los más de 80 países donde se ha estrenado) la ha convertido en
toda una sensación. Las redes sociales se han llenado de memes, críticas y
alabanzas, e incluso se ha podido ver en algunas calles de diferentes países a
gente ofreciendo dinero y bofetadas a cambio de que la gente juegue. El impacto
social es evidente, pero al margen de ello, estamos ante una serie muy bien
escrita, dirigida e interpretada, con una doble lectura sumamente interesante y
de plena actualidad, pero con unas raíces propiamente coreanas. Una historia
que ha tardado diez años en hacerse realidad, provocando ese alud mediático que
mencionaba unas líneas más arriba. Y qué mejor que subir la crítica ahora que
ese éxito mediático se ha relajado para analizar con calma este fenómeno.